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Cova de la Cocina. Dos Aguas. 1976

01-08-197631-08-1976Domingo Fletcher Valls
En los trabajos se ha empleado un método en el que se reúnen la estratigrafía vertical con la horizontal a base de cortes, diagramas de proyección, planos manuales horizontales y planos fotográficos, de forma que a la vez de intentar sustituir el criterio de capa arqueológica por el concepto más histórico de piso o suelo de ocupación, para si es posible intentar que éste sea "esculpido" en su exacta dimensión temporal, obtener unos planos manuales y fotográficos que permitan afinar lo más posible en la reconstrucción paleoetnográfica, de acuerdo con el modo de ordenar el espacio habitable.
Presentándose los estratos E y G con las mismas características observadas en la anterior campaña, se decidió levantarlos.
Los cuadros E y D continuaron mostrando el castrón estalagmítico que separa los estratos G y H, ya detectado en la anterior campaña. La posibilidad de que esta costra hubiera podido formarse en el período climático subboreal parece confirmarse al haber aparecido fragmentos metálicos en el estrato G.
Los materiales encontrados en la presente campaña no modifican la primera impresión de 1975. Dentro de una tónica de pobreza, las cerámicas lisas, peinadas, las formas de cuencos hemisféricos y los fragmentos con perforaciones múltiples parecen confirmar la pertenencia del último período de ocupación de la cueva al Bronce; este dato se ha visto comprobado por la presencia in situ, en el estrato G, de un pequeño punzón de cobre. La industria lítica, fundamentalmente productos de troceado, algún geométrico y laminitas con borde rebajado, indica una lejana tradición industrial epipaleolítica. Y un estudio preliminar de los materiales óseos indica como especies presentes la cabra, el ciervo, el jabalí y el conejo; no ha aparecido caballo, toro, buey ni avifauna, y, por lo que respecta a la cabra, sólo unos pocos restos atestiguan con certeza la domesticación.
Por otra parte, y con vistas a la posible extensión de las excavaciones al sector W. de la cueva, se vació el grueso depósito de tierras que allí queda, aunque se dejaron amplios testigos estratigráficos en los puntos lateral a la pared y frontal al depósito de la cueva, para su ulterior estudio. En el centro de la pared de poniente hay una meseta de unos ocho metros cuadrados, cuya superficie superior sobrepasa en más de metro y medio no sólo el nivel de las lajas de desplome que sellaban la estratigrafía intacta de la zona E, sino también la altura máxima de los sedimentos que el profesor Pericot excavara. En la parte meridional de esta meseta se encontró, en 1974, un corte realizado por excavadores clandestinos que fue limpiado y unido a la zona excavada mediante una zanja de cinco metros. Aparentemente, se pensó entonces que el depósito no parecía ser de ocupación, sino geológico, por lo que habría necesidad de realizar en tal corte una penetración que permitiera aclarar su seriación estratigráfica. En la presente campaña se ha efectuado esta penetración, observándose inmediatamente fuertes discordancias en la estratigrafía: en el fondo comenzaron a aparecer las grandes lajas de desplome, y debajo de ellas, en sus entresijos, las tierras oscuras con algunos fragmentos de cerámica. Es evidente que esta última fase estratigráfica concuerda estrechamente con la de las lajas de desplome de la zona E, que sellaban su estratigrafía y que se está excavando en la actualidad, por lo que las tierras que conforman la meseta de la zona W deben ser consecuencia de una traslación artificial. Así parece indicarlo las fuertes discordancias estratigráficas en un espacio tan reducido en términos sedimentológicos y el hecho de que se encuentren superpuestas al gran nivel de lajas de desplome, ahora detectable en toda la cueva. No se sabe con certeza cuándo ni cómo pudo realizarse esta traslación. Es probable que esté en relación con la fuerte hondonada, de más de 50 metros cuadrados de superficie y 3 de profundidad en su parte máxima, y con un pozo de 5 metros de hondo existente al fondo de la cueva, ambos artificiales; además, la altura existente entre el uniforme nivel de lajas de desplome y el techo hace solo transitable fácilmente la zona W. Lo que sí parece cierto es que el yacimiento ha sido fuente constante de tierras de abono desde épocas indeterminadas, pero el grueso lecho uniforme de lajas de desplome ha obligado a respetar la subyacente ocupación prehistórica.

(La labor del Servicio de Investigación Prehistórica y su Museo en el pasado año 1976, pp. 74-76)
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